Estaba revisando las fotos del grupo del Facebook "amigos de Molino Alto", esa entrañable urbanización que me vio crecer al igual que a muchos; son muchos los recuerdos que me vienen a mi cabeza cuando observo las caras y las pintas que teniamos todos, nuestra felicidad, nuestras ganas de reir, de jugar, de salir, de ligar, de coger una moto, de ser mayores...
Recuerdo esos partidos de fútbol en la fuente, parando el tráfico para poder jugar, y cuando nos hicieron el campo de futbol de tierra, horas y horas jugando sin parar en él; recuerdo las noches en la parada del autobús; recuerdo los primeros amores y las primeras anécdotas; recuerdo como sacábamos a relucir nuestro orgullo urbanístico cuando había que ponerse chulo con los de Nueva Otura; recuerdo como cuando empezaba a mandar la testosterona buscabamos las zonas más oscuras, como la curva, el deposito...
Aquellas escapadas en la moto de alguno para ir al Puntal (ésas fiestas del agua) o la Pérgola, dar varios viajes para llevar a los colegas; también recuerdo a los que se fueron, porque de alguna forma ellos siguen entre nosotros...
Parece que fue ayer cuando acampábamos en el cesped de alguna casa y para nosotros era toda una aventura; las navidades eran especiales en Molino Alto, cuando en noche buena saliamos todos a cantar villancicos por las casas y los vecinos nos abrian las puertas y nos invitaban a pasar; recuerdo las charlas, siempre sabias, de algún padre cuando nos haciamos mayores y trataban de enseñarnos lo que era la vida.
Hoy me doy cuenta con alegría que la vida nos ha tratado mas o menos bien a todos, (o para que quejarnos) me alegro porque cada uno con nuestros defectos, con nuestras manías, con nuestras virtudes, con lo que sea, nos podíamos caer mejor o peor, pero eramos un grupo, y eramos buena gente todos sin excepción, nuestros padres nos enseñaron a ser personas, a tener educación y respeto, cosa que le falta a muchos niños de hoy, y nos dieron y nos dan lo mejor de ellos para seguir educándonos a pesar de nuestra edad.
Se me mezclan las lágrimas con una sonrisa de orgullo de ver que años despues esa llama de Molino Alto sigue viva en nuestros corazones, hay algo que nos guste o no, esta vieja urbanización nos enseñó y lo llevamos marcado a fuego, que fue, a crecer en sociedad y a valorar la amistad.
Entre todo esto recuerdo a mi padre luchando y trabajando 16 y 18 horas diarias para poder mantener esta casa, que era la de sus sueños, para poder venirse a vivir a la tierra que también lo vio crecer entre almendros y caballos, la misma tierra que lo vio trabajar de sol a sol con poco mas de 15 años, todo eso es Molino Alto para mi.
Con lágrimas en los ojos le pido a los que se fueron que nos ayuden a juntarnos, a volver a revivir lo que fuimos, aunque sólo sea por un día, que volvamos a ser niños.